Camino sin sendero

Dónde habitan las palabras,
que perturban el silencio.
Dónde crece el sol de invierno,
que congela el fuego interno.

Dónde nace el pensamiento,
que se cuela como el viento.
Dónde viven los demonios,
que atormentan con sus miedos.

Mira como fluye el pensamiento,
nada que aleje tu atención.
Mira como el aire que respiras
llena como fuego tu interior.

Quien habita en el pasado,
pierde el alma y su poder.
Quien habita en el futuro,
solo puede enloquecer.

Una vez que tomas el camino,
no hay sendero que pueda guiar.
Queda atrás la sombra de tu espejo,
nada que se pueda reflejar.

Quien habita en el presente,
nada tiene que perder.
Quien sacude su cabeza,
sabe qué es la libertad.

Cuando la vida termine

En mi sueño más profundo y vivo
corro sin saber por dónde voy.
Busco algo que le de sentido
al momento de perder la voz.

Solo quiero colgar mis pasos
cuando la vida termine.
Quiero hundirme en las miradas;
y con la tierra cubrir los cielos.

En mi sueño cruzo los recuerdos.
Todos viven, nadie a quien llorar.
Junto al fuego se cuentan historias,
nos reímos hasta despertar.

Solo quiero colgar mis pasos
cuando la vida termine.
Quiero hundirme en las miradas;
y con la tierra cubrir los cielos.

Muero por senderos en el centro de un bosque.
Muero por la causa en el fondo de un foso.
Muero por los techos de las casas encantadas.
Muero por la niña de los ojos afilados.

Veo, siento, lloro, río.
Juego, pierdo, gano, muero.

El desconocido

Viene temblando, no puede seguir…
Quiere que el tiempo recuerde su voz…

Su ropa apenas lo cubre,
sus manos se llenan de estrellas,
su cuerpo que cuelga de un poste,
al sur de dios.

Viene consciente, no teme morir…
Sabe que el tiempo conoce su voz…

Los días con luces y sombras,
las risas que inundan los huertos,
la vida más simple de todas,
no es hijo de dios.

Al anochecer sus ojos cerró,
las huellas del día, de un sopló soltó.

Su rostro sereno pudo comprender:
el tiempo no es tiempo, no es hijo de dios.

No es hijo de dios/:

En un rincón de mi ciudad

En mi ciudad, yo no soy el que ríe más.
Sé de un lugar al que voy donde duermen las penas.

Toca una vez, se abrirá como el cielo.
Mueve los pies, volarás con las sombras.

Cruza el portón, con el sol que agoniza atrás.
Trepa al altar, que se ve donde el muro se vuelca.

Quita la piel, caerá con los miedos.
Sopla al revés, brillarás como en sueños.

Seres de luz, como serpientes enroscadas,
hacen crecer el calor y la humedad.
Se mezcla el sonido, la música y el aire.
Luces y sombras que crecen en llamas.

Todo es deseo, lujuria y vanidad.
En uno solo cuerpo todas las pieles se entrelazan.
Humos humanos se confunden en las sombras,
flujos amargos que vuelven al mar.

Cerca del fin, llegará el que enciende sentidos.
Escuchará, la canción que recuerda sus juegos.

Si miras bien, notarás con sorpresa;
en la pared, colgará tu silueta.

Pequeño Sol

Aylen, brasa cobriza.
Luz, amor, la energía
que ilumina mi vida.

“Te elegí”, me lo dijiste.
Te acepté, con toda el alma;
y naciste, pequeño sol.

Pequeño sol, fuente de luz.
La energía que ilumina mis días.
Pequeño sol.

En tu presencia todo está bien
Das alegría con tu sola existencia.
Pequeño sol.

Pequeño sol.

El fin de un momento

A poco andar nos dimos cuenta
que nuestro amor moría.
Apenas dos o tres reencuentros;
la ilusión se olvida.

Contamos todos los mismos cuentos,
las mismas penas, el mismo mal.
Llegamos solos con nuestros sueños,
nos vamos sin despertar.

Pero esta vez estuvo cerca,
hubo calor de hormigas.
Tanta pasión, momentos ciegos,
no pudo más la vida.

Andamos todos las mismas cuestas,
nos desarmamos y vuelta a andar.
No tiene caso abrir la puerta,
nada que viene o va.

Cargamos todos con nuestros juegos,
las mismas reglas, el mismo rol.
Giramos solos la vieja rueda,
entre el placer y el dolor.

Vuelo en sueños

Al atardecer te sientes bien frente al mar sereno,
una llama enciende los sentidos.
Cuando el sol se pierde rojo y viejo con su brillo eterno,
las estrellas vuelven a flotar.

Míralas, son semillas en el cielo.
Tómalas, con su brillo se puede cambiar.
Mírate, de tu espalda crecen alas.
Muévelas, vuela lejos más allá del mar.

La ingravidez te viene bien ya no tienes alas,
esa inmensidad azul te arrulla.
Puedes ascender con solo ser más allá del cielo.
Absorbes la vida hasta estallar.

Mírate, no eres más que luz y hielo,
otra vez, una estrella que puede estallar.
Ya no estás, en la playa de tus sueños,
luz al fin, luz eterna más allá del mar.

Somos polvo de estrellas,
luces y sombras,
reflejos perdidos de lo eterno.
Una y otra vez,
aquí y ahora.

Ángel caído

El viejo bebe solo,
no puede soportar su ansiedad.
Bebe hasta que se mezcla
su sangre, su dolor, su soledad.

Revienta sus problemas;
le importa más morir que despertar.
Se duerme con las penas,
sabiendo que el dolor no pasará.

Los días son eternos,
arrastra su dolor de bar en bar.
Hay gotas de consciencia,
promesas que no va a respetar.

La culpa lo condena,
aquella noche vuelve a despertar.
Bebe hasta que revienta,
apaga su dolor, no volverá.

Amores viejos

Noche fría entre los puentes,
luces tenues por donde vives.
Pasos ebrios, los lentes sucios,
una hoja con versos viejos,
mis palabras.

Lago Ranco con luna llena,
suave brisa, calor de estrellas.
Canto nuevo entre mis dedos,
voces leves, gemidos roncos,
nuestros cuerpos.

Ahora que ya no estás,
las verdades se derrumban,
las promesas se oscurecen;
que la luna sigue al sol,
que lo nuestro es para siempre,
que tú eres lo que más vale.

Ahora que ya no estás,
cada día es un comienzo,
más allá de las proezas;
que las penas me destruyen,
tu sonrisa me confunde,
hasta el día que me ame.

Ahora no hay más que pasos en el aire/:

Retrato

Una voz me llama, yo no se quién es,
esa voz reclama algo de mi, algo de mi.

Esa voz me pide que cuente hasta diez,
que le diga en verso algo de mi, algo de mi.

Has colgado el alma para que se tiña,
con colores vivos con olor a tierra.
Has tocado el cielo con los ojos tibios,
envuelto en humo junto a la ventana.

Has cruzado el río con la voz pequeña,
como un libro abierto para que se lea.
Has llenado el tiempo con los pies inquietos,
corazón de trapo que vas repartiendo.