Camino sin sendero

Dónde habitan las palabras,
que perturban el silencio.
Dónde crece el sol de invierno,
que congela el fuego interno.

Dónde nace el pensamiento,
que se cuela como el viento.
Dónde viven los demonios,
que atormentan con sus miedos.

Mira como fluye el pensamiento,
nada que aleje tu atención.
Mira como el aire que respiras
llena como fuego tu interior.

Quien habita en el pasado,
pierde el alma y su poder.
Quien habita en el futuro,
solo puede enloquecer.

Una vez que tomas el camino,
no hay sendero que pueda guiar.
Queda atrás la sombra de tu espejo,
nada que se pueda reflejar.

Quien habita en el presente,
nada tiene que perder.
Quien sacude su cabeza,
sabe qué es la libertad.

El primer encuentro

La bruma cubre el mar, la aldea se despierta.
Preparan los arpones, las balsas ya se alejan.

La aldea no se ve, el norte se despeja.
La caza sale bien, el viejo grita alerta.

No saben lo que ven, es algo que se acerca.
Se mueve sobre el mar, tan rápido, se aleja.

Se acerca el español, la playa se repleta.
Los niños creen ver, al dios de la tormenta.

Cuando el Santiaguillo soltó el ancla, algunos oficiales y marineros se prepararon a desembarcar.
La playa estaba repleta de changos, indios dóciles e ignorantes a los ojos europeos.
Al tocar tierra, los españoles se abrieron paso a empujones hasta llegar a las tiendas de cuero de lobo de mar.
Armados, codiciosos, esperando encontrar alimentos y agua, no repararon en las miradas inquietas.
Fue la más anciana de las abuelas que preguntó en voz alta, ¿qué quiere el dios de la tormenta?.
Y el dios respondió, colérico, orgulloso, “he venido desde otras tierras, a robarles su vida antigua.
Nada de lo que puedan hacer o decir cambiará esta historia.
Solo les queda arrodillarse y pedir perdón por sus pecados.”

El eco de la montaña

Qué podrás hacer,
cuando los problemas choquen hasta con tus pies.
Cuando nada resulte fácil ni siquiera ver,
donde vive la que te amarra a su pantalón,
desteñido por las mañanas.

Hace rato que no buscas por temor a encontrar,
y que el tiempo se introduzca no te debe molestar.
Se destiñe en las mañanas por nada particular.
Los problemas no me abruman no me gustan nada más.

Qué podrás hacer,
cuando tus amigos tengan nada que ofrecer.
Cuando todo se vuelva frágil, como aquella vez
que colgabas de la ventana en un camisón,
aferrada a las palabras.

Si me aferro a las palabras estas suelen soportar.
Mis amigos no me engañan solo aman de verdad.
Ser más frágil que la vida nada tiene de especial,
las fisuras se reparan cuando sabes valorar.

Lo espontáneo se agradece más allá de todo plan,
no se piensa ni se paga solo ocurre nada más.
La humildad cambió mi vida nada tengo que probar.
Invisible como el viento más allá de la verdad.

Desde el lugar que vive en nosotros

No puedo salir del lugar
que no se esconde.
Lo puedo sentir, inundar,
mi piel corrompe.

Desde ese lugar suelo herir
a quien responde.
Ahogado en dolor, ya no hay luz
cerca del monte.

Cómo entré, dónde está,
el lugar, el foso /:

En ese lugar sólo hay
malos recuerdos.
Hay rabia y dolor, frustración,
abuso enfermo.

Cómo entré, dónde está,
el lugar, el foso /:

Hay miedo a sufrir, otra vez,
los golpes sordos.
En ese lugar solo está
mi niño muerto.

Cómo entré, dónde está,
el lugar, el foso /:

Se busca

En el nombre de lo que es, yo te vengo a condenar,
por las muertes que tú ves bien, como daño colateral.

Siempre elijes tu bienestar, siempre culpas a los demás.
Las excusas no borrarán tus palabras podridas.

Quién te salvará, quién perdonará, quién olvidará.
Quién te apoyará, quién recordará, quién te seguirá.

En el nombre de los sin voz, yo te grito no hay perdón.
Te proteges con lo legal que tú mismo retuerces.

Tu legado maldito está, el abuso te alcanzará,
no hay riquezas para sanar tu mirada torcida.

Quién te salvará, quién perdonará, quién olvidará.
Quién te apoyará, quién recordará, quién te seguirá.

Elegir a quién mandará
será quien obedecerá.
Escuchar con el corazón,
decidir por el bien común.

Cuántos ojos ya no verán, cuántas almas destrozarás.
Cuántos viejos se morirán, esperando su turno.

Cuántos mundos quieres comprar, cuántas vidas mutilarás.
Cuántas almas condenarás, esperando un futuro.

Elegir a quién mandará,
será quien obedecerá.
Escuchar con el corazón,
decidir por el bien común.

Cuando no hay palabras

Para qué amar, si creemos ser los dueños.
Para qué soñar, si perdemos los momentos.

Para qué rezar, si vivimos con desprecio.
Para qué volar, si por dentro somos ciegos.

Sigo una huella por el bosque,
todo a mi paso huele a tierra.
Llego hasta el río que da vuelta,
toda la vida se presenta.

Nada que decir.
En silencio de pie.
Confundido en el bosque.
Nada, nada que decir.

Lejos del rebaño

Me crié con los corderos,
lejos del río me crié, entre los cercos.
Despertar, en una noche despiadada,
como en un sueño despertar, tuvimos miedo.

Vuelvo atrás, miro de lejos el rebaño,
por la ribera vuelvo atrás, sobre los muertos.
Despertar, sobre la hierba desarmada,
no tiene precio despertar, sentir los huesos.

Descubrí, que ya no era esclavo de
lo que piensan los demás.
Descubrí, que lo más valioso es
lo que diga el corazón.

Me alejé, de los corderos,
en mi camino me alejé, no tengo miedo.
Caminar, sobre la arena deslavada,
no tiene precio caminar, sobre los sueños.

Descubrí, que comparto anhelos con
otras huellas bajo el sol.
Descubrí, que la vida premia al que
sabe amar sin condición.

Detrás del ritual

Sigo atrás el ritual
donde las voces gimen las canciones hechas
desde el corazón. Un ritual
donde la rabia empieza a pedir justicia
desde la razón. Un ritual
donde las manos chocan contra los sicarios
de la represión. Un ritual
donde los pasos borran el terror.

Sigo los versos del ritual.
Sigo despierto por la dignidad.

Sigo atrás el ritual
donde los ojos brillan con la luz eterna
de la dignidad. Un ritual
donde las diferencias que se reconocen
no tienen color. Un ritual
donde la calle grita lo que otros callan
con impunidad. Un ritual
donde los miedos encuentran valor.

Sigo los versos del ritual.
Sigo despierto por la dignidad.

Por la dignidad, por la libertad,
por reir igual, por bailar y más.
Por el corazón, la complicidad,
por tener valor, por creer y más.

Hoy vivo despierto, por la dignidad, por la libertad.
Hoy vivo despierto, por reir igual, por bailar y más.
Hoy vivo despierto, por el corazón, la complicidad.
Hoy vivo despierto/:

A través del silencio

Si pudieras observar de lejos,
a la vida que se encuentra en todo,
notarías que nos une el viento,
un latido, un corazón y la soledad.

Somos, no importa qué, no importa cómo,
uno más en el tiempo.
Solo, así me voy, así me encuentro,
a través del silencio.

Si pudieras escuchar de lejos,
cómo fluye la energía eterna,
no podrías distinguir las voces
en el bosque, el callejón, en cualquier lugar.

Somos, seres de luz, de polvo y sombras,
con raíces al viento.
Solo, así me voy, así me encuentro,
a través del silencio.

Somos, el río tras una tormenta,
que se pierde en la arena.
Solo, así me voy, así me encuentro,
a través del silencio.

Somos, lo que se ve, lo que se esconde,
en los ojos de todos.
Solo, así me voy, así me encuentro,
a través del silencio.

Mediodía y vuelvo a renacer.

Camino sin sendero

Dónde habitan las palabras,
que perturban el silencio.
Dónde crece el sol de invierno,
que congela el fuego interno.

Dónde nace el pensamiento,
que se cuela como el viento.
Dónde viven los demonios,
que atormentan con sus miedos.

Mira como fluye el pensamiento,
nada que aleje tu atención.
Mira como el aire que respiras
llena como fuego tu interior.

Quien habita en el pasado,
pierde el alma y su poder.
Quien habita en el futuro,
solo puede enloquecer.

Una vez que tomas el camino,
no hay sendero que pueda guiar.
Queda atrás la sombra de tu espejo,
nada que se pueda reflejar.

Quien habita en el presente,
nada tiene que perder.
Quien sacude su cabeza,
sabe qué es la libertad.