En un rincón de mi ciudad

En mi ciudad, yo no soy el que ríe más.
Sé de un lugar al que voy donde duermen las penas.

Toca una vez, se abrirá como el cielo.
Mueve los pies, volarás con las sombras.

Cruza el portón, con el sol que agoniza atrás.
Trepa al altar, que se ve donde el muro se vuelca.

Quita la piel, caerá con los miedos.
Sopla al revés, brillarás como en sueños.

Seres de luz, como serpientes enroscadas,
hacen crecer el calor y la humedad.
Se mezcla el sonido, la música y el aire.
Luces y sombras que crecen en llamas.

Todo es deseo, lujuria y vanidad.
En uno solo cuerpo todas las pieles se entrelazan.
Humos humanos se confunden en las sombras,
flujos amargos que vuelven al mar.

Cerca del fin, llegará el que enciende sentidos.
Escuchará, la canción que recuerda sus juegos.

Si miras bien, notarás con sorpresa;
en la pared, colgará tu silueta.